Nunca entendiste el sentido, el mundo parece un nido de palomas. Apostaste tus sueños a una luna de cartón, demasiado pobre para una victoria demasiado cerca para un perdedor. Acostumbrados a no ver, a no creer, la alquimia se perdió en la inmensidad del universo y en una flor errante perdí mi pasión. Las doncellas murieron hace mucho tiempo y las espadas del silencio no me dejan escuchar tu voz. Quizas algún día sea una estrella en la oscuridad de tu noche cuando algún fantoche me quiera vender una ilusión, cuando tenga fallado el corazón y mi castillo de naipes con un suspiro desaparezca.
No entendiste que robaste las puntillas y los bordados de mis vestidos, con la fuerza de tu mano marchitaste mi niñez, y a pesar de no quererlo, tampoco buscandolo eclipsaste las estrellas de aquella noche azul que sin querer quisimos compartir en la lejania de aquel febrero.
Aunque éste sea el último dolor que él me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo**
viernes, 24 de septiembre de 2010
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