eras París y yo pensaba en Versalles,
fuiste verano aquella vez que esperé el otoño,
buscándote desesperada incluso antes de perderte
resignada, como preso que espera la muerte.
Eras el sol cayendo sobre mi ventana,
cálido, brillante, lejanamente inspirador
yo volaba en el sonido de aquél cuplé
silenciando tu mirada, opacando tu voz
desterrandote de mi jardín como a una flor.
Me retiré, como lo hice otras veces antes
mordiendo los labios, cantando bajito, suspirando,
otra despedida y ya no recuerdo cuántas van
la desmemoria del abatido, del derrotado.
Vos eras la eternidad cuando yo quise ser mortal
eras la manzana del paraíso aquella vez que no tuve hambre,
y serás un bello recuerdo de aquél ayer perdido
cuando rememore tu sonrisa, sin poder recordar tu nombre.

Melancolía de los días de un febrero que se fue...
mi eterna cruz, la noche azul
Melina
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