Escribí paredes, le grité a los cielos,
empapé mil hojas llenas de recuerdos,
te di aquella estrella que guardaba
que celosamente protegía en mi cajón,
esperé con ansias, pero nunca brilló.
Me dormí en tus ojos, desperté en tu pecho
pero aquellas risas las arrastró el viento,
una tormenta se instaló en mi cuarto
todas tus palabras se ahogaron en llanto.
Y hoy duermo envuelta en tempestades,
la noche larga, más larga que nunca
me regala adioses con sabor a angustia
y el sol que me bajaste aquella vez murió
cuando el rosedal en que te soñé se marchitó.
Me queda la sed de creer en lo que no tiene final,
me quedan tus mejores peores palabras
para guardar en mi oscuro placard,
para tenerte en mi memoria por un rato más.
se me seca la garganta al decirte adiós...
Melina
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