Y a veces pasa lo que no se espera
sucedió sin que nos diéramos cuenta,
esa paz que encuentro al despertarme
entrelazada y contenida en sus brazos
no la encontré en otro lugar del pasado.
Y sus ojos, que decir de sus ojos,
esos ojos que me desvelan, me atraen
los más sinceros que recuerdo conocer
los mas hermosos que en mi vida pude ver.
Y no necesito aclaraciones, ni títulos
ni mucho menos necesito explicaciones
porque su presencia acelera pulsaciones
porque es su piel el escondite de mi piel.
Y envejecería a su lado, y haría lo impensado
porque su ausencia es el pesar mas duro
a pesar de ir a contramano de vez en cuando
sólo deseo que no suelte nunca mi mano.
“Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor.”
jueves, 10 de noviembre de 2016
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